|
| Isla Rural |
|
|
Desde que finalizase la conquista de la Isla en 1496 hasta bien entrado el siglo XX, la sociedad tinerfeña encontró su principal sustento en las actividades agropecuarias. Esto ha generado un periodo de casi 500 años en el que ha desarrollado un amplio acervo histórico-cultural vinculado a este mundo. La poca tecnificación (avances tecnológicos, mejora de medios de transporte, introducción de nuevas fuentes de energía, etc.), las condiciones ambientales (clima, suelos, relieve, comunicaciones, etc.), las coyunturas políticas (regímenes políticos, políticas de estado, guerras, etc.) y económicas (crisis, producciones, diversificación o concentración de la economía, etc.), etc.; condicionaron el desarrollo de la sociedad insular, pero también generaron un patrimonio histórico y unos usos tradicionales especialmente singulares. Por otro lado, la evolución en un entorno insular tan heterogéneo como Tenerife posibilitó, además, una diferenciación cultural y el desarrollo de prácticas, técnicas e incluso variedades agroganaderas específicas propias en cada zona de la Isla.
La cultura generada entorno a todas estas cuestiones ha acabado por conformar una parte importante de la identidad de la sociedad y permanecen en la colectividad a pesar de los importantes cambios experimentados por la sociedad.
Las prácticas agrícolas, ganaderas, vitivinícolas, artesanas y de caza encarnan las más representativas de la cultura rural. Para analizar su evolución histórica, se realiza un breve repaso de su situación actual, poniéndolos en relación con las singulares condiciones ambientales de la Isla y su historia socioeconómica. Este enfoque permitirá valorar, más allá de su peso económico, la situación actual y la importancia real del mundo rural.
|
|
|
|
|
|
|