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Categoría: Isla Volcánica
Subcategoría: Hidrografía (Red de Barrancos) |
En conjunto la red hídrica insular se puede definir por su estructura radial que parte de las líneas de cumbre definidas por las dorsales volcánicas, por el gran edifico central Teide-Cañadas y por la dimensión que presentan muchos de los barrancos que la conforman. Esta compleja estructura que capta y desagua hacia el mar aproximadamente el 2% del agua precipitada en la Isla, está compuesta por una densa malla de barrancos y barranquillos subsidiarios, con sus correspondientes cuencas de recepción, que han evolucionado a lo largo de la historia geológica de Tenerife hasta generar una intrincada trama extremadamente ramificada que se desarrolla a lo largo de 5.617 km y que tiene un total de unos 5.346 cauces entre grandes colectores y sus redes de afluentes.
La red hídrica presenta una evolución desigual en el territorio insular, alcanzando un mayor desarrollado en los sectores más antiguos debido a su más larga exposición a la acción de la erosión.
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Los macizos antiguos de Teno y Anaga muestran una red muy evolucionada con una estructura bien jerarquerizada y cauces de gran entidad, donde podemos encontrar profundos tajos de gran desarrollo longitudinal excavados en el sinfín de coladas basálticas tabulares que los han formado (como los Barrancos de Masca o Los Carrizales en Teno o los Barrancos de Chamorra o Igueste en Anaga) a los que confluyen multitud de barranqueras y pequeños barrancos.
En el resto de la Isla, por lo general, el grado de desarrollo no es tan elevado al tratarse de materiales más jóvenes, y estar interferidos por periodos de actividad volcánica que rellenan los antiguos cauces y desorganizan las redes de drenaje. Aún así, los barrancos definen la topografía de estas zonas aunque muestran más variedad de perfiles longitudinales y transversales.
Al igual que ocurre con muchas otras características de la Isla, los condicionantes estructurales tabulares guían gran parte el desarrollo de la red hídrica, ya que en general los fenómenos erosivos resultan más eficaces aprovechando las debilidades y fracturas del territorio sobre el que actúan y responden a la configuración topográfica y litológica previa, como se aprecia en la disposición y localización de muchos cauces(orientación, cambios de direcciones del cauce, apertura en zonas de contacto de materiales diferentes, saltos de agua, etc.).
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A ello deben añadirse las variaciones climáticas registradas en la historia geológica de la Isla, ya que la enorme entidad de la red hídrica no se puede explicar exclusivamente atendiendo a las condiciones ambientales presentes.
En la actualidad el funcionamiento de los barrancos, esporádico y estacional, está relacionado con el irregular régimen pluviométrico por lo que gran parte del año no son funcionales. No obstante, cuando las precipitaciones son lo suficiente cuantiosas y concentradas suelen circular con gran fuerza y pueden provocar daños e inundaciones en zonas de su desembocadura.Estas características hacen necesario considerar este importante elemento geomorfológico a la hora de analizar la historia de Tenerife y de planificar su desarrollo futuro, para el cual se han desarrollado documentos específicos (Plan de Defensa de Avenidas y Plan Hidrológico Insular).
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