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Categoría: Isla Volcánica
Subcategoría: Geología y Geomorfología |
El relieve y las formas que presenta la isla de Tenerife son fruto de un juego de fuerzas de energía incalculable, las fuerzas del interior del planeta que construyen mediante los fenómenos eruptivos y tectónicos; y las fuerzas externas que modelan esas construcciones a través de algunas de sus manifestaciones: el oleaje, el viento, la lluvia, etc.
Sus características geomorfológicas y su posición (se encuentra situada en el centro del archipiélago y es la más extensa con 2.034 km2 y la que mayor cota alcanza, con 3.718 m en el Pico del Teide), así como su estructura interna obedecen a una serie de factores que la vinculan estrechamente con su entorno geodinámico en el borde oeste de la Placa Africana. Esta zona muestra una serie de directrices estructurales que se pueden agrupar en tres disposiciones principales: noreste-suroeste (vinculada a los fenómenos de formación del Atlas durante el Plegamiento Alpino), noroeste-sureste (relacionada con las fallas transformantes de la Dorsal Atlántica) y norte-sur (articulada en torno a las fallas normales de la Dorsal Atlántica).
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Los lugares de cruce de estas líneas suponen áreas de especial sensibilidad volcánica, en los que se generan mayores acumulaciones de actividad y materiales y, por consiguiente, topografías más elevadas y extensas. Justo en el centro del edificio insular de Tenerife se cruzan líneas de debilidad de escala regional, enmarcándolo en el conjunto del archipiélago y generando las pautas de organización interna de las estructuras que forman la Isla.
La Isla, cuyos primeros materiales subaéreos rondan los 7 millones de años según las dataciones más aceptadas, está constituida por una serie de estructuras apoyadas en uno o varios edificios en escudo que forman su base. Las estructuras más representativas de la geología insular son :
- Macizos antiguos de Anaga, Teno y Adeje: estructuras más o menos en forma de bóveda muy afectadas por la erosión al ser las más antiguas de la Isla (edificios en escudo),
- Dorsales: construcciones en forma de tejado a dos aguas que unen estos macizos con el centro de la Isla, respectivamente: Pedro Gil, Abeque y Adeje),
- Complejo Teide Cañadas: es una zona de formación muy compleja situada en el centro de la Isla, en la que se han sucedido numerosos episodios de naturaleza heterogénea) y en la que se localizan gran variedad de formas y manifestaciones de actividad volcánica (conos, estratovolcanes, depósitos de piroclástos básicos y sálicos, domos, coladas, etc.).
Sobre este complejo puzzle estructural han actuado paralelamente una serie de procesos que han ido modelando tanto el relieve de las grandes unidades como sus formas de detalle. Los agentes erosivos, y los biológicos, han ido atacando mediante procesos físicos y químicos el sustrato volcánico fragmentándolo y transformándolo en nuevos suelos o en materiales susceptibles de ser transportados por la escorrentía, la dinámica de vertientes, el viento, etc. creando zonas de erosión (zonas en general de mayor pendiente donde la fuerza de la gravedad actúa con más intensidad) y zonas de depósito (zonas bajas o cerradas por algún relieve que retiene los materiales). Este proceso constructor de la Isla, más acentuado cuanto mayor es la edad de los materiales, no ha sido lineal y se han sucedido las interferencias entre fases de emisión de nuevos materiales y fases de desmantelación, como demuestran los numerosos acantilados inactivos, erupciones históricas y recientes, islas bajas y discontinuidades estratigráficas que se pueden observar en el territorio.
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Esto, a su vez ha generado un mosaico edáfico muy complejo, con suelos en general poco evolucionados, pero con grandes contrastes en función de la orientación y tipo del relieve sobre el que se desarrollan (suelos mejor estructurados en general en las vertientes norte y en zonas llanas, mientras que en las zonas orientadas al sur, suelen desarrollarse suelos menos profundos, estructurados y más pobres en materia orgánica). Además la influencia de los cambios climáticos (alternancia de fases climáticas más húmedas o secas) y de los ascensos y descensos del nivel del mar (por cambios climáticos o fenómenos tectónico-volcánicos) enriquece aún más las variedad de procesos y formas que continúan remodelando el relieve de Tenerife lenta pero imparablemente.
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