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Categoría: Isla Volcánica
Subcategoría: Hidrogeografía y Agua |
El agua es un bien imprescindible para el desarrollo de los seres vivos y de las actividades del hombre. En Tenerife, como en el resto del archipiélago, es un recurso escaso cuya presencia y disponibilidad depende en gran medida de dos factores ambientales: el clima y la estructura geológica de la Isla. Ambos definen la circulación y disponibilidad de agua atmosférica, superficial y subterránea.
Las características climáticas de Tenerife brindan unas precipitaciones escasas e irregulares (especialmente en la vertiente meridional), además de favorecer una elevada evapotranspiración, en general mayor que el agua precipitada, debido a la alta insolación y la constancia de los vientos.
Por su parte, las características geomorfológicas tampoco favorecen la presencia de agua superficial o su almacenamiento. La gran heterogeneidad constructiva del edificio insular, con predominio de materiales muy permeables complejamente imbricados con otros que apenas permiten el paso del agua hacen que, en conjunto, estemos ante un territorio en el que es difícil encontrar agua superficialmente y donde, por lo tanto, los principales recursos hídricos se encuentran bajo la superficie (acuífero insular) o en la atmósfera (mar de nubes), siendo preciso que tanto los ecosistemas como el hombre se adapten a este particular entorno.
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El agua superficial que circula generalmente de forma esporádica por los cauces de los barrancos, canalizados en su gran mayoría, formando torrentes producto de lluvias intensas, de manera que su aprovechamiento ha sido tradicionalmente escaso.
Los recursos atmosféricos están referidos fundamentalmente a la influencia humectante del manto de estratocúmulos (mar de nubes) de las vertientes septentrionales de Tenerife, aprovechada por el hombre para establecer importantes zonas de cultivo en las medianías, y por la naturaleza para desarrollar las formaciones biológicamente más ricas. Las precipitaciones, muy irregulares interanualmente, se reparten de forma desigual por el territorio en función de su orientación y altitud, llegando a los 600 mm anuales de media en las zonas mejor regadas (medianías expuestas al soplo de los alisios) y apenas rozando lo 100 mm en las zonas más secas (zonas costeras del sur de de la Isla).
Los recursos subterráneos, en la medida en que los nacientes naturales siempre fueron escasos en número y cantidad de agua manada, sólo estuvieron disponibles para el hombre en cantidades suficientes tras décadas de desarrollo de complejas labores de búsqueda y extracción del agua en forma de galerías y pozos que “pinchan” el acuífero insular y extraen agua. Las cifras más actualizadas dejan el número de galerías convencionales (la inmensa mayoría del total de galerías y las que producen la mayor parte del agua extraída por este sistema) en 1.051, con una longitud perforada en un total de 1.680 km, y un caudal extraído (para el año 2003) de casi 120 hm3. Por su parte el número de pozos profundos (aquellos que permiten aprovechamientos altos del agua en contraposición a los superficiales) asciende a 393, con 103 km perforados.
La escasez general de agua forzó a la sociedad a desarrollar complejas y elaboradas estrategias para captar y aprovechar cada gota de agua sacada de la tierra o caída del cielo. En los últimos años, el desarrollo tecnológico ha permitido desarrollar nuevas estrategias e implementar a una moderna red de balsas con más de 4.000.000 de m3 de capacidad, como por ejemplo el embalse de Valle Molina, en el municipio de Tegueste; el de La Cruz Santa, en Los Realejos; el de Montaña de Taco, en Buenavista del Norte, o el del Saltadero, en Granadilla de Abona, entre otros.
Esta red permite regular la disponibilidad de agua en épocas deficitarias (veranos y años secos), mediante las redes de riego que tiene cada balsa. Además, gracias a la investigación y a la experimentación, Canarias se ha situado en primera línea mundial en el campo de la desalación. Tenerife dispone de 44 desaladoras situadas en diferentes puntos de la geografía insular, con una producción actual de 118.143 m3/día. En lo referente al saneamiento y depuración de las aguas, el archipiélago dispone de un Plan de Saneamiento, Depuración y Reutilización de Aguas Residuales, con el objetivo de mejorar el tratamiento de las aguas residuales y favorecer la reutilización de las aguas depuradas.
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Así mismo, para la mejora de la calidad de las aguas subterráneas en la isla, Tenerife dispone de dos plantas desmineralizadoras con una producción total de 3.200 m3/día. Éstas reducen las concentraciones de flúor de las aguas subterráneas aumentando su calidad.
Toda esta gran variedad de técnicas desarrolladas para la captación, extracción, transporte y uso del agua ha generado una auténtica cultura popular del agua que tiende al uso racional y sostenible del agua como medio que permitirá superar los déficits impuestos por la naturaleza.
Los importantes cambios socioeconómicos vividos en las últimas décadas han puesto sobre la mesa la necesidad de desarrollar un nuevo modelo cultural del agua, adaptado a la creciente demanda y variedad de usos de este elemento (agricultura, hoteles, campos de golf, consumo urbano, etc.)
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