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Categoría: Isla Verde
Subcategoría: P.N. del Teide |
El sector de cumbres de la Isla de Tenerife ha tenido históricamente un gran peso en la sociedad y la economía tinerfeñas, e incluso en la cosmogonía del pueblo guanche que situaba en este estratovolcán (al que llamaban Echeyde) el hogar del demonio Guayota, la representación del mal en su concepción del universo.
Este espacio está declarado como Parque Nacional desde el 22 de enero de 1954, privilegio que comparte con otros doce espacios del país (de los que tres se encuentran en Canarias: Caldera de Taburiente en La Palma, Garajonay en La Gomera, y Timanfaya en Lanzarote).
El Parque Nacional del Teide ocupa una superficie de 18.990 ha. y su declaración se fundamentó en sus valores biológicos (hábitat singular con un elevado índice de especies endémicas), geomorfológicos (procesos y formas volcánicas), paisajísticos, arqueológicos (numerosos restos prehistóricos de la actividad de la sociedad guanche), etnográficos e históricos (como los materiales para las afamadas alfombras de Corpus Christi, el azufre o el aprovechamiento del hielo –neveros-) y económicos (aprovechamientos tradicionales como los apícolas y ganaderos).
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La naturaleza volcánica domina este entorno con elementos de gran valor científico y paisajístico. La sucesión de fenómenos a lo largo de la historia de este espacio ha determinado un entorno altamente complejo y rico en muestras de procesos relacionados con el volcanismo: volcanes y coladas de diversa naturaleza, restos de grandes deslizamientos gravitacionales, formas vinculadas a la erosión de la estructuras volcánicas, etc. El edificio Teide actual (resultado de la suma de múltiples erupciones, se sitúa en el lugar donde en el pasado se localizaron, sucesivamente, dos volcanes que desaparecieron en los deslizamientos de Icod y Valle de La Orotava, el circo de Las Cañadas (testigo del deslizamiento de La Orotava) o los Roques de García (chimeneas volcánicas exhumadas por al erosión) se encuentran entre los más conocidos. Pero el predominio de los procesos geológicos no impide el desarrollo de una singular biota (flora y fauna) especialmente adaptada a las duras condiciones ambientales del Parque: nevadas y heladas, fuerte insolación, escasez de precipitaciones, fuertes vientos, etc., que motivan un elevado índice de endemicidad.
La gestión del Parque está a cargo de un Patronato en el que se dan cita los estamentos administrativos (Estado, Comunidad Autónoma, Cabildos y Ayuntamientos), técnicos, educativos (las dos universidades canarias) y sociales con competencias o fines coincidentes con los propios del Parque (asociaciones conservacionistas, montañeras y turísticas). Entre sus funciones destacan el control del cumplimiento de las normas que afecten al Parque Nacional, informar las obras y proyectos a realizar en su ámbito, la modificación de su Régimen Interior, etc.
A su cargo está también el control de la aplicación del instrumento diseñado para la gestión del parque, el Plan Rector de Uso y Gestión (PRUG, publicado en el Decreto 153/2002) que plantea un conjunto de actividades en los diferentes ámbitos y usos concurrentes en el parque: la conservación, el uso público, los equipamientos, la investigación y promoción, etc.
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Por otra parte, más allá de sus valores intrínsecos el Parque Nacional del Teide acoge uno de los observatorios astronómicos más importantes del mundo, el de Izaña, que bajo la dirección del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), conforma junto al Observatorio del Roque de Los Muchachos (La Palma) un relevante foco de investigación astronómica a nivel mundial.
En el año 2005 el Teide ha entrado a pujar por incorporarse a los espacios mundiales Patrimonio Natural de la Humanidad, poseyendo desde 1989 el Diploma Europeo que el Consejo de Europa concede a los espacios que destacan por la gestión y conservación de sus recursos naturales.
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