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Categoría: Isla Rural
Subcategoría: Agricultura |
Hablar de agricultura es lo mismo que hacerlo de la historia económica de Tenerife, ya que su sistema económico estuvo basado en este sector hasta prácticamente el último tercio del siglo XX.
La estructura agrícola de la Isla responde inicialmente al hecho de tratarse de una Isla de Realengo lo que generó una estructura de la propiedad bastante concentrada en la que, por una parte, se desarrollaron cultivos para la exportación (caña de azúcar, vid, plátano, tomate, etc.) y, por otra, cultivos de subsistencia destinados al autoconsumo y al mercado interno (fundamentalmente cereales, papas y verduras y hortalizas, con frecuencia en asociación entre ellos).
La agricultura de exportación, que imprime un carácter propio al paisaje de las zonas de costa, donde se ofrecen las condiciones topográficas más favorables, se ha caracterizado históricamente por su carácter de regadío y por su mayor capitalización, necesaria para ocupar y preparar los terrenos precisos para su desarrollo (roturaciones, amurados, sorribas, etc.) y para la implementación de las infraestructuras necesarias (canales, atarjeas, estanques, redes de riego, vías para evacuar las producciones, etc.).
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Por el contrario, la agricultura de subsistencia se ha desarrollado en las zonas de medianías y cumbres principalmente, donde configura el paisaje y la estructura de unas zonas que solían presentar un menor grado de inversión y ser de secano.
Esta diferenciación exportación-costa / autoconsumo-medianías se mantendrá hasta la actualidad, matizada en cada época por las coyunturas sociales y económicas. Esta continuidad responde a la complementariedad de ambos tipos de agricultura, ya que la exportación producía rendimientos muy altos para los grandes propietarios de las explotaciones y la agricultura de subsistencia garantizaba el mantenimiento de la mano de obra precisa para su funcionamiento.
La crisis de la caña de azúcar (dominante hasta mediados del siglo XVI), motivada por la fuerte competencia de las producciones del Caribe, puso en el primer plano de la agricultura insular al vino, producto que adquirió gran fama en los mercados europeos, sobre todo los del Valle de la Orotava. Las exportaciones a Europa y América soportaron la economía insular hasta el siglo XVIII, cuando una nueva crisis que se prolongó hasta mediados del siglo XIX, redujo la importancia de la viña a cifras testimoniales y provocó importantes dificultades económicas a la isla.
Sólo la entrada del plátano y el tomate a mediados del siglo XIX, y la excelente adaptación de la papa al territorio insular lograron hacer repuntar a la economía insular, de forma que los terrenos aptos para cultivos de exportación se pusieron en explotación desarrollándose las extensas áreas plataneras del norte de Tenerife (Valle de la Orotava, Isla Baja y Valle de Guerra). El sur tendría que esperar a mediados del siglo XX para ver la llegada del agua en cantidades suficientes como para explotar cultivos tropicales bajo sus óptimas condiciones de insolación y temperaturas, por lo que la agricultura de medianías mantuvo hasta entonces el peso económico de este área, por otra parte muy descolgada del desarrollo económico insular.
Con el agua, el plátano y el tomate, llego el primer crecimiento económico para el sur, desplazado décadas después por el boom de un creciente turismo en busca de las mismas condiciones que hacen de esta zona un lugar ideal para la agricultura: abundante insolación y temperaturas cálidas.
Actualmente la agricultura tinerfeña debe enfrentarse a la competencia de las producciones centroamericanas y a la lucha por el territorio con otros usos, fundamentalmente el residencial y el turístico, que generan rentas más altas, y que han provocado una progresiva reducción de los activos y de la superficie cultivada en las últimas décadas.
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A grandes rasgos, el tipo de cultivos se ha mantenido históricamente (plátano, viña, tomate, papa, etc. para la exportación y cereales, frutales, papas, hortalizas, etc. para el mercado interno), si bien el desplazamiento de la mano de obra hacia el sector terciario ha generado nuevas formas de explotación, como la realizada a tiempo parcial por personas que tienen un empleo en otro sector (nuevo enfoque de la agricultura de autoconsumo de medianías), o las cooperativas agrarias (orientadas al mercado local o foráneo); e introducido nuevos productos como las plantas ornamentales (para la exportación). El auge del vino, cuya calidad y prestigio social y culinario se ha potenciado, y las áreas agrícolas que se mantienen apoyadas en el plátano, tomate, papas, ornamentales, tropicales, etc. mantienen activo a este sector en un marco económico desfavorable en el que, a pesar de todo, el desarrollo de estructuras de apoyo, la calidad de los productos agrícolas y la mejora técnica y profesional abren una puerta al mantenimiento de este sector estratégico, social, económica y paisajísticamente.
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