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Categoría: Isla Rural
Subcategoría: Viticultura |
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El vino y la viña son dos elementos fuertemente vinculados al acervo cultural de la Isla. Los primero datos disponibles hablan de que las primeras viñas de Tenerife fueron introducidas en fechas tan tempranas como 1497, un año después de finalizada la Conquista por parte de los españoles, por el portugués Fernando de Castro. La adaptación de este cultivo a las particulares condiciones de la Isla hacen que pronto su fama y calidad superasen los límites que impone la geografía y se empiece a exportar, primero a los archipiélago vecinos y a la metrópoli, y luego a Europa merced a los renombrados vinos dulces o malvasías, sobre todo en Inglaterra. A este auge no es extraña la posición estratégica del archipiélago canario en la encrucijada de tres continentes, ni en su carácter de parada obligatoria en el trasiego de viajes hacia y desde América y las colonias africanas. Esta situación facilitó el acceso de los vinos a los mercados europeos de forma notable.
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Como producto agrícola, la viña ocupó el lugar que iba dejando la caña de azúcar, cuya producción no podía competir con la de los ingenios del nuevo mundo, y se afianzó como el producto comercial más importante de la Isla. Con el siglo XVII llega la crisis del vino ante la competencia de los vinos portugueses, que sumen al sector en un bache. La situación se prolonga a lo largo de los siglos XVIII y XIX, cuando, a pesar del aprecio de que son objeto los vinos canarios incluso en las cortes europeas, especialmente el malvasía, la desaparición del puerto de Garachico a principios de siglo (que inutilizó el principal punto de embarque de productos de toda la Isla) y la aparición de dos enfermedades el oídio y el mildio en la segunda mitad del siglo XIX remataron a un sector ya debilitado.
Sólo en el siglo XX renace el cultivo de este producto, culturalmente muy apreciado, pero que había quedado relegado a pequeñas producciones de carácter tradicional para el mercado local. El desarrollo, profesionalización y mejora de los cultivos culmina con la creación de las Denominaciones de Origen (D.O.) del vino de Tenerife, cuya pionera fue la D.O. Tacoronte-Acentejo. Las Denominaciones cuentan con una bodega central para los productores no embotelladores y para el control de calidad, además de con múltiples bodegas asociadas que producen y embotellan sus propios vinos. A la primera la siguieron otras hasta componer el panorama actual, que agrupa a las D.O. de: Abona, Valle de la Orotava, Ycoden-Daute–Isora y Valle de Güímar junto a la mencionada de Tacoronte-Acentejo, y que cubre todo el territorio insular. Con el objetivo básico de regular, controlar y cualificar la producción cada una de las denominaciones muestra un carácter singular que diferencia su producción del resto.
En Abona (al sur de la Isla), la mayor insolación, menores precipitaciones y grandes variaciones climáticas entre sus diferente zonas de viña permite obtener vinos de gran calidad. En el Valle de La Orotava, más allá del valor paisajístico de la viña, las condiciones de humedad e insolación permiten que sus vinos hayan logrado numerosos premios y distinciones. Como pionera, Tacoronte-Acentejo mantiene su tradición vitivinícola (es la zona más densamente cultivada de viña del archipiélago) en productos como el afamado malvasía y emplea numerosas variedades de uva, aprovechando sus excelentes suelos y condiciones climáticas para dotar a sus productos de calidad. Alberga una sub-zona, la de Anaga, cuyas particulares condiciones geográficas han generado una especificidad para sus producciones. La D.O. de Ycoden-Daute-Isora posee viñas desde la costa a las cumbres, y de ellas se obtienen productos de gran calidad, con la riqueza que sólo puede ofrecer el estar obtenidos de una gran variedad de uvas en una gran variedad de condiciones.
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Finalmente el Valle de Güímar mantiene viñas desde las costas del litoral sureste donde se localiza hasta casi los 1500 metros de altitud con destacadas variaciones climatológicas y edáficas; estas variadas condiciones geográficas permiten producir gran variedad de tipos de uva y vinos con personalidad propia.
El desarrollo de estas marcas de calidad ha dado un nuevo impulso al sector vitivinícola, que ha regresado al primer plano económico y social y ya mira fuera de las fronteras de la Isla, donde ha recibido numerosos trofeos por su calidad. Una importante iniciativa en este sentido lo supone la Casa del Vino que con el museo del vino, las salas de exposiciones y comercialización o su restaurante y los premios y actos culturales que acoge, contribuye a difundir y potenciar este producto.
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